Los héroes de la tragedia

En el avión viajaban 45 pasajeros. Una semana después del accidente, sobrevivían 27. Cuando fueron rescatados 73 días después, solo se mantenían con vida 16 de los viajeros.

Para sobrevivir, los accidentados organizaron una pequeña comunidad en la que cooperaron para crear sistemas de producción precarios, que a la vez que les ayudaba a mantenerse físicamente, les hacía estar siempre ocupados. Eso fue un factor clave para evitar caer en la deseperación. Algunos de los recursos empleados fueron:
  • Producir agua a bajísima temperatura utilizando la nieve.
  • Emplear las fundas de los asientos para confeccionar abrigos precarios.
  • Improvisar camillas para los heridos.
  • Convertir los almohadones en raquetas para no hundirse en la nieve.
  • Armar lentes para protegerse del reflejo y la agresión ultravioleta.
Elaboración propia
Roberto Canessa, uno de los supervivientes y estudiante de medicina, atendió a los heridos y diseñó un sistema de supervivencia creando guantes con materiales del avión para evitar la hipotermia. Además, un ingeniero y un estudiante de arquitectura repararon la radio para mantener el contacto con el resto del mundo.

Los dieciséis supervivientes practicaron antropofagia. La falta de alimento les obligó a ingerir la carne de los fallecidos para no morir de inanición. A mediados de noviembre impusieron la regla de no alimentarse de ningún familiar ni de ningún fallecido de sexo femenino.

El 22 de diciembre un helicóptero socorrió a los supervivientes y los llevó hasta el pueblo de San Fernando después de que dos de ellos, Nando Parrado y Roberto Canessa, caminaran durante diez días hasta un pueblo chileno y dieran el aviso. 6 de los supervivientes eran miembros del equipo de rugby. Ellos eran Roberto Canessa, Carlos Paéz, Fernando Parrado, Antonio Vizintín y Gustavo Zerbino.

En 2006 los sobrevivientes crearon junto a algunos familiares de las víctimas del accidente la Fundación Viven, para, según Carlos Páez, ayudar a las personas «cuya vida es una cuestión de supervivencia diaria, en memoria de los episodios y las personas relacionadas al accidente en los Andes». Y cuarenta años después, los dieciséis, como ya habían hecho diez años atrás, jugaron el partido de rugby que se suspendió en 1972.